
Dada la composición de este aminoácido (contiene dos átomos de nitrógeno cuando lo habitual es que sólo disponga de uno), su función principal es el transporte corporal del nitrógeno para que se puedan desempeñar las actividades metabólicas del cuerpo.
Otra de las funciones por las que destaca es su papel en la regulación del equilibro ácido-base. La glutamina es capaz de disociar el amoniaco en los riñones, favoreciendo la eliminación del ácido y manteniendo el bicarbonato. Todo esto contribyuye a que se puedan producir células cutáneas nuevas y se retrase el envejecimiento.
El abastecimiento de glutamina es imprescindible para mantener una piel sana, tersa y elástica. Esta propiedad se va perdiendo con la edad puesto que dejan de producirse los niveles de glutamina necesarios y el organismo los toma de las proteínas, trasformando éstas en glutamina y energía. De ahí la razón de que se produzca la pérdida de masa muscular.
La glutamina también interviene en los procesos inmunológicos mejorándolos. Es fundamental para la síntesis de los nucleótidos y desempeña un papel clave en el crecimiento del pelo.
Este aminoácido puede transformarse en glucosa en los riñones sin modificar las cifras de la insulina ni del glucagón. Esto implica que el organismo pueda ganar más energía evitando la acumulación de grasa innecesaria que proviene de los alimentos por lo que puede ejercer un papel como controlador del peso.
La glutamina también está asociada con la fatiga. Causa una especie de tampón que neutraliza el exceso de ácido en los músculos que surge cuando se practica ejercicio anaeróbico de forma intensa y que ocasiona en los deportistas fatiga.
También se relaciona este aminoácido con el bajo rendimiento mental, la falta de concentración y el insomnio, entre otros. Estos síntomas se pueden producir en personas que tienen déficit de glutamina. Si se presenta en niveles normales favorece la concentración y el sueño